
La transformación del Poniente en estos 50 años ha sido gigantesca.
Todos conocemos sus efectos positivos sobre el campo y nuestra forma de vivir. Pero también ha supuesto hacer desaparecer casi todos los vestigios del camino recorrido.
Los esfuerzos de nuestros antepasados, sus costumbres, sus herramientas, sus vidas, no van a ser conocidas y valoradas por nuestros hijos y nietos.
A nosotros nos toca salvar esa memoria para que no se pierda.
En eso consiste el legado de Gabriel Cara y el museo que estamos construyendo.
En la ronda de presentaciones que estamos realizando, hemos terminado la presentación a los partidos representados en Ayuntamiento y hemos empezado con asociaciones.






